sábado, 24 de marzo de 2012

El Apoyo Presupuestario, nueva herramienta de cooperación al desarrollo


Una definición formal de apoyo presupuestario (AP) establece que el AP es la transferencia de recursos financieros de una agencia externa de financiamiento al Tesoro General de la Nación (TGN) del país receptor, luego de cumplidas las condiciones de desembolso previamente pactadas. Estos recursos financieros se convierten en parte de los recursos globales del país y consecuentemente son utilizados en concordancia con los sistemas nacionales de manejo y administración de fondos públicos. El donante no realiza un seguimiento al uso de los fondos propios sino al sistema general de gestión de fondos del país. En particular se hace un
seguimiento a nivel de indicadores de resultados.

El apoyo presupuestario es acompañado con un diálogo sobre políticas y estrategias generales o sectoriales y suele incluir medidas de apoyo en el desarrollo de capacidades institucionales. Esta definición incluye tres elementos clave:
1) Transferencia de recursos al Banco Central (BC),
2) Transferencia, en moneda local, a la Cuenta Única del Tesoro (CUT) y
3) Los recursos del AP en la CUT se caracterizan por su fungibilidad y su no trazabilidad.

El seguimiento, la supervisión, el control y la auditoría de los recursos es de exclusiva responsabilidad del país beneficiario bajo normas locales.

La definición de AP elimina la posible ambigüedad en su concepción, y éste debe ser entendido como la provisión de recursos bajo la base del cumplimiento de condiciones establecidas bajo un contexto de diálogo, armonización, alineamiento y desarrollo de capacidades.

Entre los principales beneficios de los AP, se pueden citar:

*Alineamiento con el sistema y las políticas estatales
*Mayor apropiación por parte del Estado
*Armonización con otros cooperantes
*Mayor eficacia en el uso de los recursos, bajo una visión de reducción de pobreza
*Reforzamiento de las capacidades gubernamentales e institucionalidad del Estado
*Monitoreo mediante un diálogo amplio y compartido por todos los actores (mejoramiento de los mecanismos de rendición de cuentas)
*Mayor potencial de impacto y sostenibilidad por apoyar a programas nacionales con orientación a resultados
*Menores costos de transacción asociados a la ayuda al desarrollo

Existen dos tipos principales de AP:
Apoyo Presupuestario General (APG), que representa la transferencia de recursos al TGN en apoyo a una estrategia y/o política nacional de desarrollo o reforma y Apoyo Presupuestario Sectorial (APS), que representa la transferencia de recursos al TGN basados en indicadores de desempeño de la implementación de una estrategia sectorial


Tanto el APG como el APS son transferencias directas al TGN por lo que no existe distinción procedimental entre ambas. Sin embargo, las diferencias se establecen en los objetivos. El APG está dirigido a apoyar las políticas y estrategias de desarrollo nacionales mientras que el APS está dirigido a apoyar los objetivos y metas en términos sectoriales. Esta diferencia en objetivos se verá traducida en los indicadores establecidos producto del diálogo.

Para optar por AP, el país beneficiario debe alcanzar ciertos criterios de elegibilidad que cubren las siguientes cuatro principales áreas:

1. Estrategia y política nacional o sectorial: una bien definida estrategia nacional o sectorial de desarrollo en implementación
2. Marco Macroeconómico: un marco macroeconómico orientado a la estabilidad bajo implementación
3. Gestión de las Finanzas Públicas: un programa relevante y creíble de mejora de la gestión de las finanzas públicas bajo desarrollo o implementación
4. Transparencia presupuestaria: acceso del público en general a las estadísticas gubernamentales relacionadas al AP, en especial al presupuesto aprobado, al vigente y al ejecutado

Por otro lado, existen cuatro niveles adicionales que deben ser tomados en cuenta:

5. Marco del gasto público a mediano plazo: que involucra una perspectiva presupuestaria multianual, origen de los fondos públicos, auditoria, etc.
6. Sistema de Monitoreo: orientado a resultados o reformas en curso tanto a nivel de GFP como a nivel sectorial (política de desarrollo)
7. Coordinación: con actores nacionales/sectoriales así como mecanismo de consulta con actores no estatales y cooperación internacional
8. Capacidades institucionales de gestión: alcance de productos e indicadores, en calidad y cantidad, normas, etc.

La asignación y desembolso de fondos de los AP actúa en base a tramos, éstos son fijos y variables:

Los tramos fijos tienen un valor determinado, especificado ex-ante en el convenio de financiación. Estos tramos son desembolsados íntegramente sobre base del cumplimiento de los criterios de elegibilidad.

Los tramos variables tienen valores establecidos y su cumplimiento puede ser total o parcial en función de cuyo resultado se efectúa el desembolso de manera proporcional.

Los indicadores en los AP deben ser "SMART" (específicos, cuantificables, factibles, pertinentes y sujetos a una cronología determinada) y deben cumplir con el principio de previsibilidad.

Luego de esta apretada síntesis, es interesante analizar la evolución de los instrumentos de cooperación al desarrollo, desde la simpleza del enfoque de proyecto, pasando por la necesaria aproximación programática y terminando en los AP. Este camino no está exento de dificultades pero si un país como Bolivia logra usar la herramienta de manera eficaz no solo estará promoviendo el fortalecimiento de sus propios sistemas estatales sino estará conjugando de verdad los conceptos de autonomía, soberanía y legitimidad. En teoría, la ganancia es mutua.

Veamos como nos va con este cuento, hasta ahora parece muy prometedor.

martes, 21 de septiembre de 2010

¿COMO HACEMOS NUESTRAS ELECCIONES?

En esta versión simplificada, usaremos como la herramienta relevante la teoría del consumidor, parte de la microeconomía que estudia el comportamiento económico –racional- de los agentes y tiene, entre otros objetivos, explicar la elección que realizará un consumidor entre diferentes bienes disponibles dentro del marco de los recursos que dispone.



Los consumidores tienen preferencias sobre los bienes y servicios, es decir que dadas dos canastas de bienes, un consumidor preferirá a una sobre la otra en función a sus gustos, tradiciones, costumbres y una lista extensa de preferencias individuales con propiedades comunes (Completitud, Universalidad, Transitividad, Monotonicidad, Convexidad). Es importante decir que el consumidor es capaz de establecer ordinalmente sus preferencias por las diferentes canastas. Asimismo, como los bienes tienen precios y el consumidor solo una cantidad limitada de recursos, se introduce el concepto de restricción presupuestaria. Es importante introducir el supuesto de que no es posible aplicar el concepto del valor del dinero en el tiempo, es decir que para el ejemplo, no es posible prestarse dinero, entonces el consumidor tendrá que elegir que cantidad comprar de cada bien en función a esta disponibilidad. Y como hace la elección? el consumidor siempre elegirá la canasta con la combinación que le proporcione la máxima utilidad, la que le produzca el mayor bienestar. Pero que se entiende en este contexto por utilidad?



En la teoría del consumidor la utilidad es una medida abstracta para medir de manera cualitativa el nivel de la satisfacción de las necesidades, donde la propiedad básica es la de transitividad, por ej: yo prefiero la canasta A a la canasta B y prefiero B a C, ergo, prefiero la canasta A a la canasta C, es decir que mi nivel de utilidad o satisfacción es mayor cuando escojo A. Esto puede representarse a través de una función matemática. Entonces, el problema del consumidor podría simplificarse como la maximización de una función matemática de múltiples variables a través de una derivación parcial Lagrangiana que determinaría, bajo ciertos supuestos, como obtener la mayor satisfacción en la obtención de bienes y/o servicios con un monto limitado de dinero. Finalmente, introduciremos el concepto de utilidad marginal, que se define como la variación de la utilidad cuando se incrementa en una unidad el consumo del bien “X”.



Luego de la obligatoria referencia a la teoría, pensemos en de que nos sirven estos conceptos en nuestras diarias decisiones: queda claro que no podemos comprar más de lo que nuestros bolsillos lo permiten, queda claro que hay cosas que nos gustan más que otras y también queda claro que buscamos la mayor satisfacción al menor precio y lo más natural parece pensar en ir al mercado y elegir entre pollo y cerdo, entre verdura de carpa o de Río Abajo, entre vino regular y del bueno pero podemos ir mas allá. Se trata también de elegir el colegio de los hijos, la universidad, el coche y la casa, el viaje de fin de año; se trata de comprar un buen atuendo, una nueva computadora, un plasma y además poder consultar médicos privados y no los de siempre, darse un lujo de vez en cuando.



Y porque no lo hacemos? En teoría tenemos más dinero, no hay inflación, hay muchos subsidios (directos e indirectos), el Estado está controlando que vivamos mejor y eso se nos dice todos los días en las radios y en la televisión, entonces no debiéramos quejarnos sino todo lo contrario, estar felices porque nuestra restricción presupuestaria es menor, porque tenemos una utilidad marginal mayor con cada incremento de consumo de cada bien, nuestra función de utilidad se desplaza a la derecha, nuestro nivel de satisfacción crece…debiéramos estar realmente mejor.



Pero el mercado (y no el de la teoría sino el del barrio) me dicen lo contrario, los precios suben, la calidad baja, los productos se ocultan, los controles no sirven, ya no hay autoridad, ya no hay reglas tan claras…así nomás es casero. Y una vez más la estadística oficial contrasta con la rutina diaria, entonces algo pasa y parece que es grave.



Y mi reflexión inconclusa viene por este camino, no se trata de si hemos entendido bien el funcionamiento de la teoría sino que nos estamos dando cuenta cada día que la realidad no está en los libros sino en la calle y se pone de a poco peor. Seamos francos y no nos vendamos simulacros, dijo Benedetti, y mi reflexión concluye con la pregunta de si realmente sabemos elegir lo importante o a los importantes porque queda claro que con tomates si podemos pero ellos no están decidiendo nuestro futuro.

martes, 11 de agosto de 2009

EL ARTE DE LA NEGOCIACIÓN: ¿POSICIÓN O PRINCIPIO?

Según Roger Fisher y William Ury, existen tres criterios básicos para lograr una negociación efectiva: i) debe generar un acuerdo inteligente, ii) debe ser eficiente y iii) debe mejorar (o al menos no dañar) la relación de las partes. Asimismo, otros autores coinciden en las características de tipos de negociación: La blanda (suave con el problema y suave con las personas) donde el negociador es sumiso, el objetivo es el acuerdo, se puede hacer concesiones, se confía en los demás, se acepta pérdidas, se cede ante la presión, se sacrifica intereses; y la posición dura (duro con el problema y duro con las personas), donde hay una relación de adversarios, el negociador es agresivo, el objetivo es la victoria aún a costa del otro, se negocia desde posiciones extremas, se demanda concesiones unilaterales, se desconfía del otro, se amenaza, se piensa sólo en la ganancia para uno, se genera presión, se intimida, violenta y manipula.

Esta forma posicional de negociación generalmente produce acuerdos poco inteligentes, es ineficiente, suele comprometer las actuales relaciones entre partes y puede complicarse al involucrarse varios actores; generalmente no se consigue acuerdos duraderos ni equitativos. A esta altura ya se intuye hacia donde va esta pequeña reflexión, en especial en la actual coyuntura política, comercial y social.

La alternativa es la negociación por principios (duro con el problema, suave con las personas) bajo cuatro máximas: i) separar a las personas del problema, ii) concentrarse en los intereses y no en las posiciones, iii) generar opciones con un abanico de posibilidades y iv) usar como criterio un resultado objetivo.

El principio es sencillo, se trata de proteger los intereses propios pero sin lesionar necesariamente los de la otra parte, y más aún logrando una sinergia que cree valor.

Separar a las personas del problema ayudará a basar la negociación en percepciones más exactas, comunicación más clara, controlar las emociones y buscar una perspectiva orientada al futuro. Al concentrarse en intereses y no en posiciones es útil identificar y analizar los intereses de la otra parte y discutirlos, intentar reconciliarlos por encima de las posiciones mostrando que se quiere atacar el problema y no a la persona. Generar opciones inventivas de mutuo beneficio que eviten juicios preconcebidos, que identifiquen el verdadero problema, sus causas y síntomas, buscando posibles estrategias y aproximaciones comunes que lo ataquen; alcanzar soluciones basadas en principios y no en presión, es posible "agrandar el pastel" si las partes le agregan valor. Finalmente, el desarrollo de criterios objetivos tales como estándares justos o comúnmente aceptados, sean estos valores de mercado, estándares morales o probables fallos judiciales que deben estar, necesariamente, acompañados de procedimientos justos.

Esta referencia simplificada de las bases conceptuales de cualquier proceso de negociación se hace importante no solo por sus amplias aplicaciones sino además porque nos sugiere un proceso reflexivo más estructurado y menos intuitivo. Qué importante fuera que se pudiera aplicar estas líneas directrices a nuestra diaria realidad, sobre todo aquéllas que afectan a la mayoría de la población por la magnitud e importancia de lo que está en juego.

No es una gran dosis de sabiduría la que se requiere, solo un poco de sentido común, buena voluntad y desprendimiento. Negociar puede cualquiera, pero negociar correctamente parece ser en verdad un arte en franco proceso de extinción.

lunes, 23 de febrero de 2009

COMERCIO, DESARROLLO Y GLOBALIZACIÓN

El puntal de la teoría del desarrollo fue desarrollada en los 50’s por el Premio Nobel R. Solow cuyo modelo se enfocaba en la acumulación de capital físico y el incremento poblacional en el crecimiento del ingreso per-capita. En los 90’s la revolución en la economía del desarrollo se dio cuando P. Romer (Standford) y otros economistas empezaron a examinar la importancia del cambio tecnológico y su relación con el crecimiento resaltando la importancia de la educación.
Autores como Bhagwati y Sachs (Columbia y Harvard), entre otros, enfatizaron el rol del intercambio comercial y los aspectos geopolíticos en el crecimiento. Rodrick (Harvard y Columbia), sin embargo considera que la gobernabilidad y el manejo de las instituciones clave son elementos más relevantes para el desarrollo enfatizando su relación directa con derechos de propiedad y la generación de estabilidad. El capital social, las instituciones públicas y la gobernabilidad, entendiéndose esta última como la autoridad que ejerce el estado, la capacidad de gobernar, la importancia de la –ausencia de- corrupción y la estabilidad funcionaria han venido dominando la investigación de la economía del desarrollo.
En lo referente a la importancia de los sistemas de gobierno, en el extremo, hay quienes arguyen que el autoritarismo creciente es bueno para el desarrollo económico, como el Primer Ministro de Singapur, quien en su momento argumentó, no sin generar mucha polémica, que el sobresaliente desarrollo de su país no pudo haberse dado sin las restricciones en los derechos civiles y políticos bajo su régimen.
Los recursos naturales han sido tradicionalmente considerados como responsables del desarrollo o al menos existía la percepción de que países con vastos recursos naturales tienen una ventaja comparativa en el proceso de desarrollo. Sin embargo, Sachs luego de estudios empíricos en los 90’s no encontró, relación positiva entre los recursos naturales de un país y un mayor desarrollo económico. Un ejemplo clásico de este hallazgo es Nigeria que luego de 350 billones de dólares de ingresos por petróleo en 35 años duplicó sus índices de pobreza. Aspectos como la mediterraneidad fueron más bien mencionados por el autor como limitantes del desarrollo.
En relación a la inversión extranjera directa, tanto la teoría como la evidencia empírica han demostrado que en ausencia de arreglos institucionales claros, esta no es la panacea del desarrollo, hay tantos ejemplos exitosos como fracasos. Y este punto se relaciona directamente con el debate actual sobre si la globalización ha tenido o no un verdadero impacto en las economías emergentes y su desarrollo. J. E. Stiglitz (Columbia y Premio Nobel) manifiesta que la liberalización del comercio internacional ha fallado muchas veces en alcanzar sus promesas llegando inclusive a generar desempleo. En contraposición, el impresionante desarrollo de las economías del Sud Este Asiático, basadas en una estrategia de exportaciones y tratados comerciales evidencian el círculo virtuoso de ventajas competitivas, arreglos institucionales claros, inversión extranjera, generación de empleo sostenible, etc. con el agravante de tener sistemas políticos no liberales (China, Cambodia, Viet Nam).
Esta apretada e improvisada revisión teórico-conceptual pretende llamar la atención sobre una balanza comercial boliviana superavitaria en los últimos años y las razones subyacentes. Cuán solida es la composición de nuestra oferta exportadora? Existe una estrategia comercial y productiva estructurada? Nuestros socios comerciales perciben una relación de largo plazo? Como afecta el actual sistema político? Estamos en el camino correcto? Y finalmente, existen los incentivos necesarios y suficientes en términos de seguridad jurídica y rentabilidad que nos permita pensar en un desarrollo comercial sostenible de largo plazo? Muchas preguntas y no tantas respuestas; estas últimas se las dejo a ustedes.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

EL COSTO DE LA TRANSGRESIÓN

Una buena parte de los males que aqueja a nuestra sociedad en el último tiempo se puede explicar, al menos en parte, a través de un concepto muy usado en economía y es el llamado costo de oportunidad y una de sus derivaciones; el costo de la transgresión.

Por definición, el costo de oportunidad o costo alternativo es aquello de lo que un agente se priva o renuncia cuando hace una elección o toma de una decisión renunciando a otra. En otras palabras, cuanto me cuesta, en términos de otras decisiones, hacer lo que he decidido hacer. El ejemplo clásico se ilustra con una simple pregunta: ¿Cual es mi costo de oportunidad de trabajar?, en mi caso es quedarme en casa leyendo un libro, oyendo música o escribiendo una poesía; queda entonces claro a las cosas que debo renunciar por la necesidad de trabajar.

Este concepto lo aplicaremos a la transgresión, del latín transgredior y transgressio, términos inofensivos que indican el paso de un lugar a otro, generalmente saltando un obstáculo, que aplicados a las leyes y a las normas de conducta implican conceptos como: infringir, quebrantar, vulnerar, desobedecer una orden o ley de cualquier clase.

Y aquí se pone más pedestre la cosa, pondremos algunos ejemplos en aras de clarificar la idea. Cuando un oficial de tránsito nos detiene por no respetar un semáforo en rojo, la transgresión se elimina con una pequeña transferencia monetaria directa y voluntaria (coima), ergo, es una transgresión barata si pensamos en el alto costo de oportunidad de tener que tomarse el tiempo de pagar la multa de acuerdo a la norma.

Y los costos van en aumento cuando decidimos no pagar impuestos, contrabandear, especular o incurrir en agio. Pero aún no son lo suficientemente altos para obligarnos a hacer lo correcto. Debemos aclarar que estos costos son de diferente orden y están en función de quien los incurre, como ser, tiempo, dinero, reputación y el más actual, el costo político. El lector ya podrá darse cuenta que el Estado y la sociedad no tienen la fuerza suficiente para hacer cumplir el ordenamiento instituido que evite la diaria y flagrante transgresión.

¿No es ésta entonces una invitación sutil a transgredir, si no hay penalidad suficiente? Podemos linchar física o socialmente presuntos delincuentes, podemos robar, destruir bienes públicos y privados, secuestrar, agredir y violar impunemente; podemos hacer caso omiso a la ley en todas sus formas posibles y generar una bola de nieve que nos lleve a extremos impensables como olvidar nuestra propia naturaleza de seres racionales que eligieron vivir en comunidad bajo un paraguas de reglas comunes y aceptadas democráticamente por moros y cristianos.

En consecuencia, si queremos que nuestra sociedad pueda vivir bajo principios de convivencia más pacífica, ordenada e inteligente tenemos dos caminos por seguir: i) hacer que las instancias llamadas por ley hagan cumplir los actuales costos de trasgresión, a través de la aplicación correcta, eficiente y transparente de las leyes y normas vigentes y ii) aprovechar la actual coyuntura de cambio para incrementar ese costo de transgresión de manera tal que los agentes sociales piensen dos veces en el costo de oportunidad de no hacer lo correcto. Sería un buen paso para una convivencia armónica entre bolivianos.

(Artículo publicado en "Columnas de Opinión" del periódico Los Tiempos)

HABLANDO DE ASIMETRIAS

Es muy común encontrar en los discursos, en los noticieros y en los periódicos la palabra “asimetría” o alguno de sus significados relacionados. Hoy nos ocuparemos del concepto de la información asimétrica para poder entender mejor estos mensajes diarios. Como en una anterior oportunidad, acudiremos a la teoría económica pero esta vez nos apoyaremos además en un simple ejemplo práctico.

Veamos el caso de las semillas: Cuando un productor produce semilla para venderla en el mercado, solo él conoce su calidad porque sabe, qué material genético usa, como la ha seleccionado, si está libre de enfermedades, plagas, basura, etc. Por el contrario, el comprador de semilla, no tiene forma de conocer la calidad que el mercado le ofrece. Este fenómeno es conocido, como información asimétrica. Se ha demostrado que cuando existen diferentes grados de calidad de un bien, en presencia de información asimétrica, el mercado puede terminar transando sólo bienes de mala calidad y éstas cantidades transadas pueden terminar reduciéndose, llegando, en el extremo, a desaparecer del mercado.

Ilustremos el concepto; Supongamos que existen dos únicos tipos de semilla: las buenas y las malas, y que los oferentes valoran las semillas buenas en Bs100 y los demandantes las valoran en Bs120. Por otro lado, los oferentes valoran las semillas malas en Bs50 y los demandantes en Bs60, si sólo los oferentes conocen la verdadera calidad de la semilla, implicaría la existencia de información asimétrica, entonces se puede demostrar que la semilla buena terminará por no ser negociada en el mercado.

Esto se debe a que si el precio de las semillas estuviera por encima de los Bs100, y bajo el supuesto de toma racional de decisiones, todos los oferentes estarían dispuestos a vender a ese precio tanto su semilla buena como su semilla mala. Por otro lado, los demandantes al no poder diferenciar la semilla buena de la mala, y suponiendo que le asignen igual probabilidad a recibir cualquiera de los dos tipos de semilla, estarían dispuestos a pagar sólo Bs90 por la unidad de semilla esperada, entonces, a precios superiores a los Bs100, no se efectuaría ningún tipo de transacción, ni por semilla mala ni por semilla buena.

Si el precio estuviera por debajo de los Bs50, entonces todos los demandantes estarían dispuestos a comprar semilla buena y mala, pero ningún oferente estaría dispuesto a vender su semilla, por lo que se puede inferir que a precios inferiores a los Bs50 tampoco se realizaría ninguna transacción. Finalmente, si el precio estuviera dentro la cota [Bs50 – Bs100], es decir mayor a los Bs50 pero menor a los Bs100, los oferentes estarían dispuestos a vender sólo su semilla de mala calidad y de ninguna manera su semilla buena.

Bajo esta estructura, los demandantes, que saben con seguridad que los productores sólo ofrecerán semilla de mala calidad, estarían dispuestos a pagar únicamente Bs60, entonces, a precios mayores a los Bs60 y menores a los Bs100, no se transaría en el mercado ningún tipo de semilla. Esto demuestra que el único tramo donde existirá transacción del producto es aquel comprendido en el rango de Bs50 y Bs60, donde sólo se transaría semilla de mala calidad (Este fenómeno se conoce como selección adversa).

Podemos concluir entonces que en presencia de información asimétrica sobre la calidad del producto que se transa en el mercado, no es posible pensar en alta calidad puesto que según la estructura de incentivos no sería rentable su producción.

El efecto de la información sin asimetrías es la generación de mercados separados para semillas de diferente calidad, por un lado la semilla buena y por el otro la mala. El rango de fluctuación de precios para la semilla de mala calidad estará entre Bs50 y Bs60, mientras que el de semilla buena se encontrará entre Bs100 y Bs120. Esto demuestra que al existir los incentivos necesarios y reglas del juego claras, se genera de manera espontánea un mercado para la semilla de calidad, antes inexistente.

Este simple ejercicio nos debe llamar la atención y ayudarnos a tener un aprendizaje claro: eliminar asimetrías significa generar confianza, legitimidad y en definitiva buscar el bien común. Ojala que a partir de hoy, cada uno de los bolivianos podamos empezar a eliminar todo tipo de asimetrías, teniendo en mente que estaremos sembrando semilla de buena calidad, en un país que lo necesita hoy más que nunca.

(Artículo publicado en "Columnas de Opinión" del periódico Los Tiempos)


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FORMALIDAD, DERECHOS DE PROPIEDAD Y DESARROLLO

En el “Misterio del Capital (2001)”, Hernando De Soto menciona que el capital es la fuerza que incrementa la productividad del trabajo y crea la riqueza de las naciones. Interpretaremos como “capital” a los activos como casas, terrenos, autos y negocios, que para nuestros fines, asumiremos como informales o cuyo derecho propietario no ha sido perfeccionado. Un ejemplo dado por el autor es la creación de un pequeño pero legal negocio en Lima que tomaba 289 días para su registro y costaba 31 veces el salario mínimo, o la obtención legal de tierra en Haití que podía tomar hasta 19 años, sin la seguridad que el derecho propietario se mantuviera.

Vivir en el marco de la legalidad puede ser costoso (tiempo y dinero) por lo que los países menos desarrollados se ven obligados a usar arreglos informales, improvisaciones y costumbres locales. Este capital informal es también llamado “capital muerto”, que en el Perú se calculó que ascendía a $us74 mil millones y que a nivel de los pobres en los países subdesarrollados podría llegar a los $us9,3 trillones lo que demuestra el enorme potencial de las posibles transacciones legales, con los consecuentes incrementos en bienestar y desarrollo de existir derechos de propiedad formalizados.

De acuerdo a De Soto, la formalidad es una característica sine qua non de “buenos” sistemas de derechos de propiedad que permiten la generación de capital a través de: i) potenciar el valor económico de los activos; como garantía para un crédito, por ejemplo ii) sistematizar la información dispersa; esto ayuda a hacer transacciones inclusive sin “ver” los activos incrementando la producción de capita. iii) generando responsabilidad; al ser formal uno se obliga a cumplir con sus obligaciones iv) hacer los activos fungibles; una vez en el sistema formal, los activos pueden dividirse, venderse, empeñarse, etc. v) generar redes; la información formal identifica inequívocamente a los activos e individuos pudiendo transformarlos en combinaciones de mayor cuantía vi) proteger transacciones; a través del respaldo de las leyes, asegurando su valor.

Se dice que no hay un set óptimo que defina los derechos de propiedad y que éstos deben ser adaptados en base a las características de los países, sus culturas, sus reglas y sus maneras de entender el concepto de propiedad, pero es de común acuerdo que el sustancial incremento de capital en una sociedad es la consecuencia del mejoramiento gradual de sus sistemas de propiedad que permiten a los agentes económicos generar producción y riqueza. Entonces, podemos inferir que la legalidad produce valor agregado a la propiedad.

Según la literatura, existe una relación directa entre instituciones y desarrollo; cuanto mejores son las instituciones, más seguros serán los derechos de propiedad y mayor será la posibilidad de generar riqueza y crecimiento. Asimismo, se arguye que sin la propiedad formal, no importa cuántos activos se acumulen o cuán duro se trabaje, no hay ninguna forma de que la sociedad prospere sostenidamente.

Las prácticas extra jurídicas son muy comunes en países de pobres, especialmente en el ámbito rural, con normas, instituciones propias y arreglos establecidos por modelos culturales y prácticas ancestrales donde la obligatoriedad de la Ley no es suficiente, debiendo ser prioridad para el Estado generar incentivos claros para que la gente se incorpore al ordenamiento jurídico legal, sin renunciar necesariamente a sus usos y costumbres.

El “capital social”, que se refiere a las características de la organización social, tales como la confianza, las normas, el control interno y las redes que pueden mejorar la eficiencia de la sociedad facilitando acciones coordinadas pero al estar al margen del marco institucional occidentalizado, hace la aplicación de ley más difícil. Sin embargo, en una época de cambio como la que estamos atravesando, una posible respuesta para aprovechar el capital social y restaurar el potencial del capital muerto es la convivencia mutua de ambos sistemas que “formalicen” los derechos de propiedad; el instrumento podría ser una nueva ley sobre la propiedad, consensuada, ecuánime y legítima sería una eficiente salida a esta “trampa de pobreza” bajo una transición fácil, segura y barata.

El traer agentes informales al sistema formal es, en definitiva, provechoso para ambas partes si los pobres y el Estado comprenden los beneficios económicos de esta interacción, legalizar la propiedad creará un mercado ordenado que hará responsables a los dueños; con el título jurídico, sus activos serán comercializables, generando nuevos mercados y extendiendo los existentes, fomentando el imperio de la ley y el orden y generando actividad económica que beneficiará al Estado, a la sociedad en su conjunto y por supuesto (y sobre todo) a los pobres.

Pensemos pues en la estrecha relación entre formalidad, derechos de propiedad y desarrollo como una asignatura pendiente con innumerables beneficios en un momento donde es posible cambiar las reglas del juego.

(Artículo publicado en "Columnas de Opinión" del periódico Los Tiempos)